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Instituto Cajal

Se trata del centro de investigación neurobiológica más antiguo de España. Tiene su origen en el Laboratorio de Investigaciones Biológicas, fundado en 1900 por orden del Rey Alfonso XIII con motivo de la concesión del Premio Moscú a Santiago Ramón y Cajal (1852-1934).

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AS DE BASTOS. OLIGODENDROCITOS PRODUCTORES DE MIELINA

AS DE BASTOS. OLIGODENDROCITOS PRODUCTORES DE MIELINA


Presentamos el As de Bastos de la neurobaraja: el oligodendrocito, una célula glial muy enrollada, especialista en recubrimiento de axones neuronales con mielina aislante y protectora que, cuando falta, pintan bastos.

 

Los oligodendrocitos son un tipo de células gliales que pertenecen a la macroglía. En entradas anteriores ya vimos que la neuroglía desempeña una serie de funciones fundamentales estructurales, metabólicas y moduladoras de la actividad de las neuronas.

En el Laboratorio de Redes Neurogliales del Instituto Cajal, Sara Mederos Crespo nos recuerda que ya en 1909 Ramón y Cajal en su «Histologie du systeme nerveux de l'homme et des vertébrés» nombraba las células de la glía y les otorgaba un papel mucho más destacado en la función cerebral que las de relleno y soporte trófico inicialmente atribuidas por Rudolph Virchow en 1846 [1]. 

Las células de glía engloban varios tipos celulares que se pueden diferenciar en dos grupos: microglía y macroglía. La microglía se encarga principalmente de la reacción inmunológica dentro del sistema nervioso central (y a ella le dedicaremos la entrada del As de Espadas), mientras que el variado grupo de células de la macroglía (que incluye astrocitos, ependimocitos, oligodendrocitos y células de Schwann) se encarga de diversas funciones. 


Los oligodendrocitos forman vainas aislantes de mielina alrededor de los axones neuronales en el sistema nervioso central (SNC), mientras que esto mismo hacen las células de Schwann en el sistema nervioso periférico (SNP). En el organismo adulto, los oligodendrocitos sintetizan y mantienen las vainas de mielina que recubren los axones neuronales, facilitando la rapidez de la propagación del impulso nervioso de modo «saltatorio»La mielina (compuesta en un 70 % de lípidos y en un 30 % de proteínas) aumenta la velocidad de impulso y disminuye la capacitancia de la membrana axonal, por lo que optimiza la transmisión nerviosa. A modo de comparación, en los mamíferos un axón mielinizado conduce el impulso nervioso a una velocidad entre 50 y 100 metros por segundo [9], mientras que en los no mielinizados la velocidad se reduce drásticamente hasta un metro por segundo. Además, el recubrimiento de mielina permite que los axones sean mucho más finos que si no estuvieran mielinizados: en los seres humanos, el nervio óptico mielinizado tiene un diámetro de unos 6 mm, mientras que para conducir la información a la misma velocidad sin estar mielinizado necesitaría tener un diámetro ¡de unos 75 cm! [10]

Mientras que un oligodendrocito puede extender sus prolongaciones (procesos) para envolver de mielina hasta 50 axones, en los nervios del sistema nervioso periférico los axones están recubiertos por una sucesión de células de Schwann, en los que una célula rodea a un único axón. 

Vaina de mielina en un nervio periférico vista al microscopio electrónico 

El término oligodendrocito, que etimológicamente significa «glía poco ramificada», fue introducido en 1921 por el neurólogo español Pio del Río-Hortega, brillante discípulo de Santiago Ramón y Cajal y de Nicolás Achúcarro, otro destacado neuropatólogo de la escuela de Ramón y Cajal. 

Los oligodendrocitos se caracterizan por:
  • Ser particularmente abundantes en los centros nerviosos (por ejemplo, son muy abundantes en el cuerpo calloso), formando sobre todo hileras paralelas a las fibras nerviosas en la sustancia blanca, y agrupaciones alrededor de las neuronas en la sustancia gris.
  • Tener un núcleo redondo, voluminoso y denso.
  • Presentar escasas ramificaciones del citoplasma, generalmente finas y con pocas granulaciones (gliosomas) en el interior del citoplasma.
  • Enrollarse alrededor de las fibras nerviosas de la sustancia blanca.
Por su localización y características, los oligodendrocitos pueden ser de tres tipos [2]:
  • Los  oligodencrocitos satélites, muy pequeños (10 µm) y solo presentes en la materia gris. Como rodean al cuerpo de la neurona, se supone que participan en el buen funcionamiento neuronal, pero aún se ignoran muchas cosas de ellas.
  • Los oligodendrocitos interfasciculares, de tamaño algo mayor (20 µm) y con un núcleo muy voluminoso en los adultos. Se localizan en la materia blanca, donde corren paralelos a lo largo de los axones que mielinizan y mantienen mielinizados.
  • Los oligodendrocitos intermedios se encuentran tanto en la materia gris como en la blanca. Se piensa que puede tratarse de células precursoras de los oligodendrocitos interfasciculares y satélites.
Además de producir y mantener las vainas de mielina y regular la función de los axones, parece que también estarían implicados en el control del ambiente iónico, referido sobre todo al transporte de agua y cloro [2] y a la regulación de la expresión de los canales de sodio y potasio.

Desde el punto de vista metabólico, recordemos que los astrocitos nutren a la neurona, sintetizan y reciclan neurotransmisores y participan en la reparación y modulación de la actividad neuronal y sináptica. Los oligodendrocitos generan la vaina de mielina, contribuyen a la señalización y crecimiento de las neuronas y colaboran en su nutrición y mantenimiento. Todas estas funciones están sintetizadas en este diagrama [1]:
IZQUIERDA: Redes neuro-gliales: unidades de señalización en el cerebro [1]. DERECHA: Funciones de los oligodendrocitos, que  generan la vaina de mielina, contribuyen a la señalización y crecimiento de neuronas y ayudan a la nutrición y mantenimiento de las mPor su parte, la microglía juega un importante papel en la respuesta inmune del SNC.  https://digital.csic.es/handle/10261/210592

La historia del descubrimiento de los oligodendrocitos comienza a principios del siglo XX, en un momento en el que la investigación en neurociencia se enfrentaba a varias dificultades, derivadas entre otras cosas de que cada laboratorio tenía sus propias técnicas para teñir los tejidos nerviosos; de la confusión terminológica resultante; de la mezcla de palabras en alemán, francés o español empleadas en las publicaciones científicas de la época, o de la dificultad de compartir reactivos, recetas o preparaciones microscópicas entre distintos equipos investigadores. En este contexto, las ilustraciones científicas tan bellas y precisas de Pío del Río-Hortega, acompañadas de textos con las descripciones sistemáticas de las células en distintas condiciones experimentales permitieron comparar los resultados obtenidos y le llevaron a identificar los tres principales tipos de células gliales del cerebro: astrocitos, oligodendrocitos y microglía [3].

Pío del Río-Hortega siempre se interesó por las técnicas de impregnación metálica de Golgi mejoradas por Cajal (con nitrato de uranio o cloruro de oro sublimado) y Achúcarro (a base de tanino y plata amoniacal). Creó cuatro variantes de la técnica de Achúcarro para identificar los astrocitos protoplásmicos y fibrosos que eran el «segundo elemento» que acompañaba a las neuronas (o «primer elemento»). Sin embargo, estos métodos histológicos solo teñían parcialmente el resto de células gliales del sistema nervioso central, muy abundantes en la sustancia blanca del cerebro, y que al microscopio se veían como células pequeñas, sin ramificaciones (adendríticas). Río-Hortega siguió investigando nuevas técnicas de tinción para averiguar la verdadera naturaleza de lo que Ramón y Cajal había llamado «tercer elemento», hasta que puso a punto el método del carbonato de plata amoniacal. Pudo así demostrar que  el tercer elemento cajaliano, correspondía a 2 tipos celulares: la microglía (o células de Hortega) y la oligodendroglía [3][4][5]. 

A partir de 1921, el método del carbonato de plata y una variante del método de Golgi sin osmio le permite a Río-Hortega estudiar esas células poco ramificadas pero muy abundantes en la sustancia blanca que inicialmente denominó «glía interfascicular» y más tarde oligodendroglía. 

o-Hortega fue precursor en el conocimiento de los oligodendrocitos y, a pesar de la gran variabilidad de los resultados que obtenía con sus métodos de teñido, intuyó su relación con el recubrimiento de mielina de los axones. En 1922 apuntó que la función de los oligodendrocitos en el sistema nervioso central era similar a la de las células de Schwann en el sistema nervioso periférico: producir la vaina de mielina que protege y aísla los elementos transmisores de las neuronas axones, aunque la demostración tuvo que esperar al desarrollo en la década de los 60 de la microscopía electrónica [6].

Actualmente se utilizan distintas técnicas inmunocitoquímicas para identificar los oligodendrocitos  gracias a un abanico de anticuerpos contra marcadores de superficie e  intracelulares, y a las técnicas de microscopia e inmunomicroscopía electrónicas y tomografía electrónica tridimensional [6][7], porque los oligodendrocitos todavía guardan muchos secretos. En el ámbito de las enfermedades desmielinizantes, la investigación fundamental es la base sobre la que deben apoyarse los progresos terapéuticos dirigidos tanto a impedir la desmielinización como a favorecer la remielinización.

Al tener una capacidad de regeneración limitada, los oligodendrocitos son el tipo celular más vulnerable y los primeros elementos nerviosos que degeneran en las enfermedades del sistema nervioso central.  En el cerebro adulto de un ser humano, existe entre un 5 % y un 8 % de células llamadas precursoras de oligodendrocitos (OPC, por sus siglas en inglés), capaces de producir oligodendrocitos inmaduros que migran siguiendo rutas muy concretas y orquestadas químicamente hasta el lugar en el que devienen oligodendrocitos maduros mielinizantes, capaces de remielinizar la zona lesionada. Se calcula que una tasa de remielinización del 12 % logra una mejora significativa de los síntomas debidos a la desmielinización. En organismos sanos, esta capacidad de regeneración resulta suficiente, pero no en situación de enfermedad. Por eso, en el Instituto Cajal se siguen líneas de investigación punteras que buscan identificar señales celulares que se puedan explotar, por ejemplo a través de fármacos que hagan que un tipo de células evolucione hacia el tipo de células capaces de favorecer la remielinización [9][10]. 

¿Te ha picado la curiosidad y quieres saber más?

FUENTES CITADAS

[1] MEDEROS CRESPO, Sara (2019). Comunicación astrocito-interneurona y el procesamiento de la información en las redes neuronales. Tesis Doctoral dirigida por la Dra. Gertrudis PEREA PARRILLA, del Instituto Cajal (CSIC). Universidad Complutense de Madrid. Facultad de Ciencias Biológicas, Departamento de Bioquímica y Biología Molecular. 198 pp. https://digital.csic.es/handle/10261/210592 

[2] PÉREZ CAPOTE, Kamil (2006). Respuesta de las células gliales al daño neuronal in vitro. Introducción (55 pp). Tesis Doctoral. Universitat de Barcelona. https://digital.csic.es/bitstream/10261/91949/4/1_INTRODUCCION.pdf 

[3] SIERRA, Amanda, PAOLICELLI Rosa C., and KETTENMANN H. (2019). Cien años de Microglía: Milestones in a Century of Microglial Research. Trends in Neurosciences, November, Vol. 42, No. 11, pp. 778-792. https://doi.org/10.1016/j.tins.2019.09.004

[4 ] DEL RÍO-HORTEGA, Pío (1919). Coloración rápida de tejidos normales y patológicos con carbonato de plata amoniacal.  Trabajos del Laboratorio de Histopatología de la Junta para la Ampliación de Estudios n.º 7. Boletín de la Sociedad Española de Biología, Vol. XI, fascículo 1.  Publicado en la revista Arbor (CSIC) CLXXXI 714, julio-agosto 2005: pp. 235-243

[ 5] DEL RÍO-HORTEGA, Pío (1924). Lo que debe entenderse por Tercer Elemento de los centros nerviosos. Boletín de la Sociedad Española de Biología, Vol. XI, fascículo 1.  Publicado en la revista Arbor (CSIC) CLXXXI 714, julio-agosto 2005: pp. 245-248

[6] FARIÑA GONZÁLEZ, Juliana y ESCALONA ZAPATA, J. (2010). La obra de Pío del Río-Hortega y sus consecuencias en la neuropatología https://pio-del-rio-hortega.blogspot.com/ 

[7] DOMÍNGUEZ, Raúl O. (2016). Prof. Pío del Río-Hortega: de la oligodendroglia a la desmielinización-remielinización. Historia previa y el exilio en la Argentina 1940-1945. Neurología Argentina, Vol. 8. Núm. 1, pp. 61-64 (enero-marzo) http://dx.doi.org/10.1016/j.neuarg.2015.04.002   

[8] PÉREZ CERDÁ, Fernando, Mª Victoria SÁNCHEZ GÓMEZ y Carlos MATUTE (2015). Pío del Río-Hortega and the discovery of the oligodendrocytes. Frontiers in Neuroanatomy, Volume 9 (july 2015), Article 92  https://doi.org/10.3389/fnana.2015.00092

[9] DE CASTRO SOUBRIET, Fernando. Precursores de oligodendrocitos (EM en línea, mayo 2016) https://www.youtube.com/watch?v=7X_RxZGW9wk&t=35s

[10] Terapias remielinizantes Canal Sinapis EMP - YouTube https://www.youtube.com/watch?v=oJKLripB9Os

OTROS ENLACES 

Canal YouTube Instituto Cajal
NEUROCIENCIA PARA DUMMIES, con Natalia Yangüas Casás.

El diccionario del cerebro. Canal YouTube Cerebrotes, de Clara García 


JÄKEL, Sarah and Leda DIMOU (2017). Glial Cells and Their Function in the Adult Brain: A Journey through the Histroy of Their Ablation. Frontiers in Cellular Neuroscience. February 2017, vol. 11, num. 24. https://doi.org/10.3389/fncel.2017.00024

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SOTAS DE COPAS, BASTOS Y ESPADAS: EL LADO FEMENINO DE LA NEUROCIENCIA

SOTAS DE COPAS, BASTOS Y ESPADAS: EL LADO FEMENINO DE LA NEUROCIENCIA


 

Presentamos las Sotas de Copas, Bastos y Espadas: seis perfiles científicos femeninos que ilustran la variedad de facetas de la neurociencia y la modernidad de la investigación al estilo de Cajal. Seis mujeres con trayectorias e inquietudes bien distintas, cuyos destinos se cruzaron en algún momento con los de Cajal o alguno de sus discípulos. Entrevistamos a Fernando de Castro Soubriet para conocerlas.

El camino que permitiría obtener el primer bachillerato y posteriormente el acceso a la Universidad a las primeras estudiantes se inició en Europa, y sobre todo en Inglaterra y Francia, a partir de los años setenta y ochenta del siglo XIX. Un proceso que se prolongaría hasta los primeros años del siglo XX, cuando se estableció de manera progresiva el acceso legal de la mujer a la enseñanza superior en los diferentes países de nuestro continente [1]. Los estudios de medicina fueron los más escogidos, de modo que en cuestión de feminización universitaria a finales del siglo XIX, esta fue la disciplina pionera.


En España, las mujeres solo accedieron con autorización ministerial a la enseñanza  privada en 1888 y a la oficial en 1910, pero eso no impidió que en 1882 obtuvieran el doctorado en Medicina las primeras españolas, Dolors Aleu Riera y Martina Castells [2]. Las mujeres fueron poco a poco incorporándose a la enseñanza superior universitaria, y durante el primer tercio del siglo XX había en España 289 mujeres que habían terminado carreras de ciencias. Es muy probable que fueran  conocidas y reconocidas en su época, aunque luego la corriente principal de la herencia histórica no se haya hecho eco de sus perfiles y muchas se olvidaran con el paso de los años [3].  Los trabajos de 2019 y 2021 publicados en la revista Frontiers in Neuroanatomy [4: The Women Neuroscientists in the Cajal School][5: Women Neuroscientit Disciples of Pío del Río-Hortega: the Cajal School Spreads in Europe and South America], centrados en un puñado de mujeres que compartieron espacio y tiempo con Santiago Ramón y Cajal o con alguno de sus discípulos,  rescatan del olvido algunos de estos perfiles femeninos. 

Pero, ¿quiénes fueron esas pioneras que trabajaron en la Escuela Neurológica Española? 

Las sotas de la neurobaraja que os traemos esta semana son un reflejo de la multiplicidad de perfiles que tienen cabida en la ciencia en general, y por lo tanto, también en la investigación neurocientífica: médicos, preparadoras (como se llamaba entonces a las técnicos de laboratorio), traductoras, ilustradoras o bibliotecarias, todas ellas colaboraron de un modo u otro en la producción científica de los laboratorios donde trabajaron coincidiendo con Cajal o con alguno de sus discípulos. 

La investigación científica es un trabajo de equipo que requiere observación, reflexión, control y recogida de muchísimos datos en experimentos de todo tipo.  El conocimiento científico datos, leyes, relaciones, teorías, nuevos métodos—  es fruto de un complicado proceso en el que quienes investigan deben rodearse de una serie de perfiles de apoyo con los que trabajar en sintonía. Tenemos sin embargo tendencia a olvidarnos de los méritos de estos hombres y mujeres indispensables que formaron parte de un equipo investigador, aunque permanecieran en la sombra. Tomando el símil de los tejidos nerviosos podríamos imaginar a las figuras científicas como las neuronas, rodeados de hombres y mujeres que, como las células de la glía, desempeñan un sinfín de roles poco o nada visibles, pero esenciales para lograr la sinapsis y la transmisión del impulso nervioso con las que podríamos comparar el éxito científico atribuido al investigador protagonista. 

A principios del siglo XX, estas labores de apoyo a la investigación estaban muy asociadas con las mujeres,  y el Laboratorio de Investigaciones Biológicas de Cajal no fue la excepción, porque contó con preparadoras encargadas de preparar las muestras histológicas y, en ciertos casos, como el de Asunción Amo del Río o el de la bibliotecaria Enriqueta (Ketty) Levy, también jugaron un papel esencial como traductoras de los trabajos científicos al inglés para Pío del Río-Hortega (en el caso de Asunción) o al alemán para Cajal y sus discípulos en la escuela en Madrid (en el caso de Enriqueta). Como vimos la semana pasada, otras preparadoras resultaron ser magníficas ilustradoras.

Desde su creación en 1901, el Laboratorio de Investigaciones Biológicas de Cajal fue un modelo de trabajo en equipo, donde en dos o tres décadas el maestro creó una escuela con figuras de talla internacional capaces de robustecer la masa científica necesaria para lograr productividad. Cajal convirtió su laboratorio de Madrid en un referente que atrajo a hombres y mujeres, nacionales y extranjeros, para formarse en las técnicas histopatológicas. Entre sus colaboradores no hizo distinción por títulos ni sexo, sino por su talante y aptitudes investigadoras. Un buen ejemplo lo tenemos en la preparadora Manuela Serra, a la que Cajal brindó la oportunidad de firmar un artículo, publicado en su revista Trabajos del Laboratorio de Investigaciones Biológicas de la Universidad de Madrid, titulado Notas sobre las gliofibrillas de la neuroglía de la rana, a pesar de no contar con estudios de ciencias ni título universitarios [4][6]. 

Mujeres de la neurociencia (el cuadro de Manuela Serra es obra de la  neurocientífica y pintora Susanna Carmona)

Cajal fue también un modelo para las pioneras que estudiaron medicina a finales del siglo XIX y principios del XX y no dudó en brindarles apoyo durante su carrera. Un apoyo que materializó acogiéndolas para trabajar con él mismo, como fue el caso de la británico-australiana Laura Forster, o con su equipo de discípulos, como ocurrió con María Soledad Ruiz-CapillasMaría Luisa Herreros o Dorothy Russell [4][5]. Cajal se preocupó además por apoyar cualquier carrera científica española, tanto de hombres como de mujeres. Prologó así el libro Higiene del embarazo y de la primera infancia que publicó en 1907 su ex-alumna de la facultad de medicina, Manuela Solís y Clarás, convertida en una destacada doctora en Medicina y Cirugía que, el mismo año que Cajal recibió su Nobel (1906), fue elegida miembro de la Sociedad Española de Ginecología en reconocimiento a su trayectoria científica y social en favor de la salud pública [1].

En la neurobaraja, junto a las ilustradoras que os presentamos la semana pasada como Sotas de Oros, las Sotas de Bastos están encarnadas por Manuela Serra y Asunción Amo del Río porque, como los oligodendrocitos que ilustran, supieron tejer una red de apoyo científico a Cajal la primera, y a Pío del Río-Hortega la segunda. Laura Forster y Dortohy Russell son nuestras Sotas de Espadas, dos médicas extranjeras que lucharon por defender la salud de los heridos de la Primera y la Segunda Guerra Mundial, respectivamente. Las Sotas de Copas están representadas por dos mujeres que las merecen, pues tras sus trabajos en histología y patología con los discípulos de Cajal (Gonzalo Rodríguez Lafora y Fernando de Castro Rodríguez), Mª Soledad Ruiz Capillas fue la primera mujer que dirigió un balneario y Mª Luisa Herreros destacó en el campo de la neuropsiquiatría y cofundó la Asociación Española de Psicoanálisis [4, 7].

Para iluminar el lado femenino de la neurociencia entrevistamos a Fernando de Castro Soubriet, que dirige el Laboratorio de Neurobiología del Instituto Cajal, del Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Fernando es uno de los firmantes de estas publicaciones. Charlamos con él sobre neurociencia en clave de mujeres. Pincha en este enlace para ver la entrevista para saberlo todo sobre las Sotas de la neurobaraja:

 https://youtu.be/tDQnHEVV3xQ











¿Te ha picado la curiosidad?

NOTAS:

[1] LLORET, Juan. Manuela Solís y Clarás, la primera médica de la medicina valenciana. Artículo del proyecto Personajes y espacios de ciencia, de la Unitat de Cultura Científica i de la Innovació de la Universitat de València.  https://www.uv.es/uvweb/unidad-cultura-cientifica-innovacion-catedra-divulgacion-ciencia/es/personatges-espais-ciencia/manuela-solis-claras-primera-medica-medicina-valenciana-1286000825169/Entrevista.html?id=1286027069810

[2] PEDRERO ROSÓN, Daniel. Las primeras mujeres universitarias en España (1870-1936). Artículo de Archivos de Historia, publicado el 18.05.2020 https://archivoshistoria.com/las-primeras-mujeres-universitarias-en-espana-1870-1936/

[3] Podcast Pioneras de las ciencias en España. Documentos RNE, emitido el 17.03.2016.  https://www.rtve.es/radio/20160317/pioneras-ciencia-espana-este-sabado-documentos-rne/1320840.shtml

[4 ] GINÉ E., MARTÍNEZ C., SANZ C, NOMBELA C. and DE CASTRO F. (2019) The Women Neuroscientists in the Cajal School. Front. Neuroanat. 13:72.  https://www.frontiersin.org/articles/10.3389/fnana.2019.00072/full

[5] NOMBELA C., FERNÁNDEZ-EGEA E., GINÉ E., WORBE Y.,  DEL RÍO-HORTEGA BERECIARTU J. and DE CASTRO F. (2021) Women Neuroscientist Disciples of Pío del Río-Hortega: the Cajal School Spreads in Europe and South America. Front. Neuroanat.15:666938. https://www.frontiersin.org/articles/10.3389/fnana.2021.666938/full

[6] BENAVENTE, ROCÍO P. Manuela Serra, la científica sin carrera a la que Ramón y Cajal quiso pagarle los estudios. https://mujeresconciencia.com/2021/06/24/manuela-serra-la-cientifica-sin-carrera-a-la-que-ramon-y-cajal-quiso-pagarle-los-estudios/

[7] VARONA, Mery. Blog Vidas de mujer http://www.meryvarona.es/Mujeres/vidas-de-mujer/

PARA SABER MÁS:

Página web WiNEU: European women in Neuroscience (una iniciativa de FENS, Federation of European Neuroscience Societies)Desde este enlace se accede a los perfiles de muchas pioneras neurocientíficas europeas https://wineurope.eu/#pioneers, incluidos los de las dos mujeres que trabajaron con Cajal: Laura Forster y Manuela Serra.

Libros:
  • ÁLVAREZ RICART, M. Del Carmen (1988). La mujer como profesional de la medicina en la España del siglo XIX. Barcelona, Ed. Anthropos.
  • FLECHA, C. (1996). Las primeras universitarias en España, 1872-1910. Madrid, Narcea de Ediciones.

ACTIVIDADES RELACIONADAS:

Exposición Ellas también son Escuela Cajal: Historias no contadas de la neurociencia española, Unidad de Cultura Científica de la Universidad Complutense de Madrid. Viernes 11 de febrero de 2022, Día de la mujer y la niña en la ciencia.

Viernes 11 de febrero de 2022. Tres de las firmantes femeninas del trabajo The Women Neuroscientists in the Cajal School  hablarán de las mujeres de la escuela de Cajal.  Aquí tienes toda la información: https://www.instagram.com/p/CZjkPnnsMW6/?utm_source=ig_web_copy_link







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NEUROCIENCIA: ILUSTRAR ES COMPRENDER

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Presentamos a nuestras Sotas de Oros: las ilustradoras neurocientíficas que trabajaron con Santiago Ramón y Cajal y sus discípulos en la Escuela Neurológica de Madrid.
A principios del siglo XX, unas cuantas mujeres andaban entre microscopios, muestras de cerebros, preparaciones de tejidos nerviosos y material de dibujo para ilustrar la ciencia que producía la más brillante de las escuelas científicas españolas, la creada  en torno a la figura de Santiago Ramón y Cajal en Madrid, nombrado director del Laboratorio de Investigaciones Biológicas tras obtener el Premio Moscú en el XIII Congreso de Medicina de París, en 1901.

Con sus trabajos de ilustración, estas mujeres que compartieron espacio y tiempo con Cajal, o con alguno de sus discípulos, participaron en la producción neurocientífica de la Escuela Neurológica Española, como han mostrado dos trabajos, publicados en 2019 y en 2021 en la revista Frontiers in Neuroanatomy [1][2].

Si en la Escuela de Cajal hubo ilustradoras, es porque la ilustración científica era y es un pilar esencial de la comunicación de la ciencia. En palabras de Elena Giné una de las autoras de estos dos trabajos: «Cajal y algunos de sus discípulos, como su hermano Pedro, Domingo Sánchez, Achúcarro, del Río-Hortega, De Castro y Lorente de Nó, fueron auténticos maestros de la ilustración de sus observaciones», no así Francisco Tello (Caballo de Oros de la neurobaraja), que necesitaba ayuda técnica para hacer sus ilustraciones. Aunque solo se ha logrado rescatar el nombre completo de dos ilustradoras, Conchita del Valle y Mª G. Amador porque firman 84 y 71 dibujos, respectivamente, hay otras 141 ilustraciones con una sigla sin identificar (ERNA)  y 247 más sin firmar, lo que da una idea del volumen del trabajo que habrían realizado, casi en su totalidad, mujeres.

Igual que las palabras de un idioma se traducen a otro teniendo en cuenta a quién van dirigidas, también el ilustrador «traduce» al lenguaje visual de forma precisa, clara y objetiva temas, procesos u objetos científicos complejos para que pueda entenderlos el público al que se destinan sus creaciones. Como en la traducción, también el primer paso de la ilustración científica es investigar a fondo [3] para conocer perfectamente lo que se va a ilustrar, porque solo se puede dibujar lo que se comprende

Las ilustradoras de la Escuela de Cajal eran expertas en plasmar la realidad tal y como se veía al microscopio. Tenían gran capacidad para extraer el máximo número de detalles de las preparaciones para incorporarlos a sus ilustraciones, y para ello debían poseer sólidos conocimientos de anatomía del sistema nervioso y una buena comprensión de los procesos fisiológicos que sustentan. Así fueron capaces de realizar ilustraciones a la altura de la calidad de los trabajos científicos de Cajal y sus discípulos. Una prueba de ello es que Conchita del Valle colaboró con Fernando de Castro en las ilustraciones de sus trabajos sobre el seno carotídeo, a pesar de que este discípulo de Cajal era un excelente dibujante.

Ilustraciones de Conchita del Valle (izquierda) y María G. Amador (derecha). Las imágenes muestran una inervación sensitiva del cuerpo carotídeo (izquierda) y un corpúsculo renal (derecha).
[Archivo Fernando de Castro]
Desde sus orígenes, las ilustraciones científicas han sido el complemento indispensable de los trabajos de investigación, con los propios científicos como primeros promotores de la disciplina, tanto con fines didácticos como para dar a conocer los resultados de sus investigaciones. Actualmente son también herramientas esenciales dentro de las estrategias de divulgación que buscan acercar la ciencia al público en general. 

Hasta finales del siglo XIX y principios del XX, los dibujos facilitaban la internacionalización de los trabajos científicos, porque permitían comunicar conocimientos sin necesidad de textos de apoyo que frecuentemente había que traducir al francés o al alemán, porque el inglés todavía no era el idioma de la ciencia. 

«El buen dibujo, como la buena preparación microscópica, son pedazos de la realidad, documentos científicos que conservan indefinidamente su valor y cuya revisión será siempre provechosa, cualesquiera que sean las interpretaciones a que hayan dado origen». Ramón y Cajal  [4]

Siempre preocupado por representar la realidad de la forma más pura y objetiva, Cajal se sirvió de sus extraordinarias dotes artísticas para representar en dos dimensiones las estructuras tridimensionales que veía al microscopio. También le ayudaron sus profundos conocimientos sobre fotografía, otro campo que  exploró en busca de las mejores técnicas para «plasmar la realidad tal como es». Cuenta su discípulo Fernando de Castro Rodríguez [5] que «Durante los años 1917-18, ideó Cajal la fotografía que llamó biplanar y multiplanar [...] con el anhelo de poder conseguir [...] la impresión tridimensional de las neuronas, similares a una floresta, durante la proyección de la diapositiva constituida por el conjunto de dos o tres fotografías que previamente se habían obtenido del mismo asunto.» Con tal procedimiento fotográfico parece que logró «bellísimas imágenes tridimensionales» del tejido nervioso y las redes de los capilares sanguíneos inyectados.

Aunque la microfotografía comenzó a usarse en el laboratorio de Cajal a principios de los años 1920, no pudo competir con la calidad y la cantidad de información que proporcionaban los dibujos de las preparaciones de los tejidos. En aquella época, las técnicas para teñir las células daban un fondo muy opaco, casi negro, que hacía muy difícil tomar fotografías fáciles de interpretar. Así  fue como el dibujo a mano se convirtió en el complemento perfecto al método de Golgi y otras técnicas histológicas en los albores de la Neurociencia [1], mientras que la química fotográfica fue de gran ayuda para hacer más fiable esta técnica de tinción, con la que Cajal demostró la individualidad de las células nerviosas. Conocimientos todos ellos que recogió, debidamente ilustrados, en su Manual de histología normal y técnica micrográfica, publicado en 1899 y en su libro Fotografía de los colores. Bases científicas y reglas prácticas, publicado en 1912. 


Las Ciencias Naturales son un campo muy visual. Encontramos bella la naturaleza porque somos parte de ella. Y porque la naturaleza forma parte de nosotros [5]. De las innumerables maravillas naturales, el encéfalo es una de las más complejas y (todavía) misteriosas, además de ser la única que nos permite apreciarlas. Javier De Felipe, investigador del Instituto Cajal, define la creatividad artística como «un producto de la mente humana [que] podemos disfrutar porque tenemos un cerebro equipado para ello» Cada vez hay más científicos atraídos por la relación entre neuronas, belleza y creación [6], pero en este campo, como en tantos otros, el modelo a seguir es Santiago Ramón y Cajal. 

A medio camino entre la ciencia y el arte, la ilustración científica es una disciplina que busca sintetizar y representar visualmente información científica. Los bocetos le sirvieron a Cajal como herramienta de trabajo para desarrollar la doctrina de la neurona, porque apoyó su razonamiento en la observación precisa y minuciosa que requiere la ilustración científica. Dibujar obliga a analizar los más mínimos detalles del material que se está observando, y seguramente recorrer visualmente las espinas dendríticas le hizo comprender a Cajal que se trataba de esos lugares especiales donde ocurría la transferencia de información entre neuronas. 

Dendritas de las neuronas piramidales del córtex cerebral del conejo. Dibujo de Ramón y Cajal.
Aunque «la ilustración no busca el momento mágico, único e irrepetible [del artista]», sino «el dato absoluto, válido para siempre, universal y repetible» porque su objetivo «es la exposición esquemática y desprendida de unos datos sobre la morfología, la vida y las costumbres de los sujetos representados» [14], es imposible no apreciar la belleza de las ilustraciones firmadas por Santiago Ramón y Cajal. En ellas, la precisión científica se conjuga de maravilla con la delicadeza artística para lograr una genialidad: conectar la forma de las estructuras nerviosas con su función. Y esta belleza ha permitido que los dibujos de Cajal traspasen las fronteras de la ciencia para recorrer los museos de arte, llenar las páginas de libros como The Beautiful Brain. The Drawings of Santiago Ramón y Cajal (2017) o inspirar corrientes artísticas, como el surrealismo del que Lorca y Dalí fueron abanderados [7][8].

Fernando de Castro Rodríguez, destacado discípulo de Cajal, ya vaticinó en 1966 [9] que algún día los dibujos de Cajal serían considerados como obras de arte, al margen incluso de su valor científico.

«Los dibujos histológicos de Cajal… No podemos continuar sin detenernos un momento en este punto, donde podríamos decir que aquí la Ciencia se convierte en Arte. En el mundo son famosos sus dibujos sobre el sistema nervioso. Con destreza incomparable reproduce fielmente toda la gracia y sutileza de las bellísimas formas de las neuronas, y llega incluso a conseguir en una composición –sin recurrir a la simpleza del esquema- que veamos sintéticamente reflejada la complejísima urdimbre de un paraje o núcleo estructural encéfalo-medular. Estoy convencido de que si alguna vez se hiciera una exposición de los dibujos histológicos de Cajal, producirían pasmo entre los artistas y aficionados a la pintura y al grafismo de nuestro tiempo. A Leonardo Da Vinci, excepcional dibujante anatómico, como sabemos, con seguridad que le habrían entusiasmado los exóticos dibujos de Cajal» .  Fernando de Castro Rodríguez, 1966.

Actualmente, el ilustrador científico Román García Mora [10] ve más apropiado hablar de «visualización científica» para englobar el amplio abanico de técnicas de representación gráfica que van más allá de la ilustración tradicional. Aunque hoy el dibujo y la fotografía siguen complementándose [11], las nuevas tecnologías y el soporte digital potencian y amplían las posibilidades de la comunicación visual de la ciencia con nuevos formatos:  infografías, maquetas, modelos digitales tridimensionales, realidad virtual, dioramas, aplicaciones de software, etc. [4][12]. Tampoco los avances en las técnicas de inmunohistoquímica e inmunocitoquímica (que trabajan con anticuerpos conjugados y fluorocromos) combinados con las nuevas técnicas de microscopía (de fluorescencia, confocal, multifotón) compiten con la ilustración clásica, sino que la complementan.

La ilustración científica sigue y seguirá estando en la base de comunicación científica  futura porque cumple funciones esenciales que le son propias, como [13]:
  • la posibilidad de enfatizar la información científica más significativa,
  • destacar detalles que de otro modo nos pasarían desapercibidos, 
  • desplazar a segundo plano elementos científicamente irrelevantes, o
  • hacer simplificaciones que nos facilitan la comprensión de procesos o estructuras complejas.
Buena prueba de ello es que los libros con las ilustraciones de Santiago Ramón y Cajal siguen siendo, en el siglo XX, una referencia imprescindible de la neurociencia.

¿Te ha picado la curiosidad?

NOTAS:

[1 ] GINÉ E, MARTÍNEZ C, SANZ C, NOMBELA C and DE CASTRO F (2019) The Women Neuroscientists in the Cajal School. Front. Neuroanat. 13:72.   https://www.frontiersin.org/articles/10.3389/fnana.2019.00072/full

[2] NOMBELA C, FERNÁNDEZ-EGEA E, GINÉ E, WORBE Y,  DEL RÍO-HORTEGA BERECIARTU J and DE CASTRO F (2021) Women Neuroscientist Disciples of Pío del Río-Hortega: the Cajal School Spreads in Europe and South America. Front. Neuroanat.15:666938. https://www.frontiersin.org/articles/10.3389/fnana.2021.666938/full

[3] LORENZO, Sarela, Martín SOUTO y Marcos A. GONZÁLEZ (2019). Técnicas de ilustración científica en Historia Natural. As coleccións malacolóxicas da USC como modelo de estudo. Nova Acta Científica Compostelana (Bioloxía), 26: 27-38 (2019)  https://revistas.usc.gal/index.php/nacc/article/view/6288 

4] GRILLI, Javier, Mirtha LAXAGUEL y Lourdes BARBOZA (2015). Dibujo, fotografía y Biología. Construir ciencia con y a partir de la imagen. Revista Eureka sobre Enseñanza y Divulgación de las Ciencias 12(1), págs. 91-108  http://dx.doi.org/10.25267/Rev_Eureka_ensen_divulg_cienc.2015.v12.i1.07 http://reuredc.uca.es

[5] MARLEY, Christopher (2015). Biophilia. Editorial Abrams (Nueva York), 288 pp.

[6] SÁEZ, Cristina (2010). Un cerebro para el arte. La Vanguardia, ES, 16 de octubre de 2010  https://cristinasaez.wordpress.com/2010/10/22/un-cerebro-para-el-arte/

[7 ] El arte de Cajal para explicar la ciencia, por Javier SAMPEDRO publicado en la sección Ciencia/Materia del periódico El País (23 de marzo de 2017)  https://elpais.com/elpais/2017/03/22/ciencia/1490185166_393185.htm
Los dibujos de Cajal, de gira por Norteamérica, agencia SINC (2017)  https://www.agenciasinc.es/print/107087
La belleza de la ciencia en los dibujos de Ramón y Cajal, por Amado HERRERO. El Mundo, 1 de marzo de 2017 https://www.elmundo.es/ciencia/2017/03/01/58b69e0846163f05358b45b8.html

[8] DE CASTRO SOUBRIET Fernando. Artículo publicado en la sección Ciencia/Materia del periódico El País (25 de febrero de 2015). El arte que España olvida: su cienciahttps://elpais.com/elpais/2015/02/26/ciencia/1424956367_520013.html

[9] Cita extraída de la presentación que hizo en Madrid en 1966 FERNANDO DE CASTRO RODRÍGUEZ de la obra La fotografía de los colores. Bases científicas y reglas prácticas, de Santiago Ramón y Cajal, publicado en 1912 por la librería Nicolás Moya de Madrid https://cvc.cervantes.es/ciencia/cajal/cajal_fotocolor/presentacion.htm. Cita retomada por DE CASTRO SOUBRIET y Fernando y Alfonso ARAQUE en su artículo publicado en la sección Ciencia/Materia del periódico El País (5 de mayo de 2017): Ramón y Cajal: lo que está moviendo en el mundo y lo que debe moverse en España.  https://elpais.com/elpais/2017/04/24/ciencia/1493027674_193847.html

[10] Charla de las Jornadas Bioempleo 2020 en la Facultad de Biología de la Universidad Complutense de Madrid sobre Ilustración científica, a cargo de Román GARCÍA MORA, un ilustrador científico internacionalmente reconocido, que participa en el proyecto Flora Ibérica del CSIC. https://www.youtube.com/watch?v=sJO3gu_p78s

[11] Tampoco actualmente la fotografía puede sustituir al dibujo, ya que proporciona un conjunto de datos planos y sin interpretación, de modo que el documento es más fiel, pero su valor demostrativo es limitado [6]. Además, según  [14]«la línea aporta [una] claridad expositiva que la fotografía no alcanza a conseguir». Por eso,  dibujo y fotografía se complementan.

[12] ORTEGA ALONSO, Diego (2019). Personalidad artística en ilustración científica: Un estudio de caso. Tercio Creciente, 15, págs. 55-72. https://dx.doi.org/10.17561/rtc.n15.4

[13] HERNÁNDEZ MUÑOZ, Óscar (2010). La dimensión comunicativa de la imagen científica: representación grafica de conceptos en las ciencias de la vida. Tesis Doctoral dirigida por D. Antonio Muñoz Carrión, Universidad Complutense de Madrid, Facultad de Bellas Artes. 426 pp.

[14] MAYOR IBORRA,  José y Mariano FLORES GUTIÉRREZ (2013). El dibujo científico. Introducción al dibujo como lenguaje en el trabajo de campo.  VAR. Volumen 4 Número 9, noviembre 2013: pp. 130-134.  https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/5210178.pdf#:~:text=Las%20cualidades%20principales%20de%20un%20ilustrador%20cient%C3%ADfico%20son,la%20ilustraci%C3%B3n%20digital%20que%20actualmente%20est%C3%A1%20en%20auge.

FUENTES:

SWANSON, Larry W., Eric NEWMAN, Alfonso ARAQUE y Janet M. DUBINSKY (2017). The Beautiful Brain. The Drawings of Santiago Ramón y Cajal. Abraham Books, 208 pp.  https://www.abramsbooks.com/product/beautiful-brain_9781419722271/

RAMÓN Y CAJAL, Santiago (1911). La fotografía de los colores. Bases científicas y reglas prácticas. Introducción: Los encantos de la fotografíahttps://cvc.cervantes.es/ciencia/cajal/cajal_fotocolor/introduccion.htm

Revista Algarabía, La belleza del cerebro https://algarabia.com/la-belleza-del-cerebro/

La ilustración científica. Ilustraciencia https://illustraciencia.info/que-es-la-ilustracion-cientifica/#:~:text=La%20ilustraci%C3%B3n%20cient%C3%ADfica%20es%20una%20disciplina%20art%C3%ADstico-cient%C3%ADfica%2C%20cuyo,concepto%20cient%C3%ADfico%20de%20forma%20precisa%2C%20clara%20y%20objetiva.

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